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Historia de Salamanca

Historia de Salamanca

  • Dirección: Paseo del Dr Torres Villarroel, 7 37006 Salamanca

Historia de Salamanca

Los orígenes de la ciudad de Salamanca se remontan a las tribus celtíberas en el siglo IV, AC.

Otros pueblos que tuvieron presencia fueron los vaceos, y más que éstos, los vetones, que imprimieron una fuerte personalidad a las zonas de las actuales provincias de Ávila, Toledo y Salamanca. Ésta última, al ser vetona, se diferenciaba de otras provincias más norteñas, que tenían presencia cisastur.

Su situación estratégica hizo que fuera plaza de valor, siendo conquistada por Anibal y los cartagineses; y posteriormente, fue romanizada y anexionada a la provincia de Lusitania. Esta, fue una época de gran desarrollo para la ciudad, ya que era un punto clave de la Ruta de la Plata.

De todo ello quedan innumerables vestigios, tanto en la ciudad como en la provincia; ejemplo de ello que Ciudad Rodrigo fuera llamada en sus orígenes Vettonia, las calzadas romanas, los famosos verracos de piedra o los puentes romanos.

Los historiadores griegos se refierieron a ella como Helmántica y Salamántica, pero no fue hasta el siglo XIII cuando tomó el nombre de Salamanca.

Su cristianización no tuvo lugar hasta el año 600, por parte de los visigodos, y fue nuevamente conquistada por los moros 120 años después.

El rey Alfonso VI reconquistó estas tierras de nuevo en 1096, y pidió a su yerno, Raimundo de Borgoña que la repoblara. Esta repoblación fue llevada a cabo principalmente por castellanos, portugueses, gallegos, judíos, franceses y mozárabes.

En 1218, fue cuando el rey Alfonso IX fundó los Estudios Generales, precursores de la Universidad de Salamanca. Su desarrollo creció debido al interés de Fernando “El Santo” y de Alfonso X “El sabio”, quien dio el nombre de Universidad, al Estudio General.

La Universitas Studii Salmanticensi, fue la tarjeta de visita de la ciudad y su proyección intelectual.
El papa Alejandro IV llamó a la universidad de Salamanca en 1254 “una de las cuatro luces que alumbran al mundo” (junto con las universidades de Oxford, París y Bolonia).

La visita de Cristóbal Colón a Salamanca y su protección por parte de los sacerdotes dominicos del convento de San Esteban, propició su presencia ante la reina Isabel; hecho que a la postre tuvo como resultado el descubrimiento de América.

Esos años a finales del siglo XV se convirtieron en los tiempos de la teología católica de la Contrarreforma contra los protestantes, representada por el Concilio de Trento.

Fue en este tiempo cuando empiezan a aflorar por doquier las iglesias románicas con su inconfundible planta circular, y por encima de todas, la Catedral Vieja.

Los católicos impulsaron definitivamente las ansias renovadoras de la ciudad: adecentando calles y remozando edificios monásticos, docentes y hospitalarios.

Durante el siglo XV, Salamanca fue el escenario de grandes rivalidades entre las familias nobles de la ciudad, articuladas en dos bandos que se repartieron la ciudad: el de San Benito y el de Santo Tomé.

Con el auge de la Mesta, Salamanca adquirió renombre por sus manufacturas textiles y como exportador de lana. Fue entonces cuando Salamanca se unió al movimiento Comunero, contra los nuevos impuestos que reclamaba Carlos V en las Cortes, en defensa de sus manufacturas textiles, contra los privilegios de los exportadores de lana; aportando para ello a sus milicias al mando de Pedro y Francisco Maldonado.

El siglo XVI fue la época de mayor esplendor de la ciudad, tanto en la demografía como el la vida universitaria, gracias al prestigio de sus profesores.

Durante la guerra de independencia, Salamanca fue ocupada por las tropas del mariscal Soult (1809), permanenciendo en manos francesas hasta la Batalla de los Arapiles, en la que vencieron los ejércitos aliados bajo el mando de Wellington.

En 1873, tras proclamarse la Primera República, sufrió un levantamiento cantonalista, que rápidamente fue sofocado.

El resto del siglo propició una leve recuperación al ser nombrada capital de la provincia y haberse construido el ferrocarril que unía Francia con Portugal.

La sublevación militar contra la Segunda República, triunfó en Salamanca desde el primer momento.
Durante la Guerra Civil (octubre 1936 – noviembre 1937), su Palacio Episcopal fue residencia y centro de mando del general Franco. La ciudad también fue sede de las organizaciones falangista y algunos ministerios.

La proclamación por parte de la UNESCO como Ciudad Patrimonio de la Humanidad en 1988 o la Capitalidad Europea de la cultura en 2002 no hacen sino confirmar el legado artístico y monumental que los años de historia han ido dejando en Salamanca.

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